Por: Julio Enrique Ortiz Cuenca
Después de las elecciones se escucha en todas las tertulias la expresión “el pabellón de los quemados”, donde ubican a todos los perdedores de la contienda electoral, a quienes también se les declara tributarios del mar caribe por su recorrido desde el Magdalena abajo hasta llegar a bocas de cenizas en la bulliciosa y alegre ciudad de Barranquilla. Todas las derrotas son tristes pero podríamos decir que las más duras y amargas e inesperadas son las electorales, porque quienes compiten juegan a ganar, tienen vocación de triunfadores y muy pocos de perdedores. Los días siguientes para los perdedores son desolados y a veces el impacto de la derrota no permite ni siquiera reflexionar, desarrollando comportamientos violentos y deslegitimación del triunfo de sus adversarios.
Los teléfonos que antes estresaban por su constante repicar, se silencian y solo son perturbados por las llamadas de los acreedores del transporte, de los publicistas, pregoneros contratados y de los gerentes de los bancos que angustiados consideran que no les van cubrir los sobregiros del día de las elecciones. Muchos de los electores se vuelven vergonzantes y no se dejan ver por el temor a ser ubicados como perdedores. Las familias se angustian, vienen los reproches especialmente de las esposas que a veces terminan en separaciones.
Los gobernantes y los jefes políticos se engolosinan con los ganadores y olvidan que los perdedores aportaron para alcanzar los umbrales, fortalecer los partidos y afianzar la democracia, olvidando que si bien es cierto que perdieron cuando podrían haber ganado, se mantiene la posibilidad de triunfar en las próximas elecciones. En los malos perdedores por sus mentes y declaraciones aflora el resentimiento, denuncian el mercado de votos por puestos, dinero u obras, las calumnias, la parcialidad de los gobiernos y de los medios de comunicación, se culpan a las encuestadoras que influyeron en los resultados y declaran traidores a la mayor parte de sus electores.
Los verdaderos líderes nadan a contracorriente buscando rió arriba la fuerza y energía de su pasado histórico en San Agustín, saben perder, reconocer la derrota y con mucho carácter y convicción en sus ideologías y programas continúan en el debate público desde todas las tribunas, asumen los errores de sus estrategias y se consideran victoriosos por que de las derrotas también se aprende.
Se recuperan perfilándose como alternativas de futuras contiendas electorales, entendiendo que sus partidos y proyectos políticos no se pueden circunscribir solamente a las jornadas electorales, sino que se debe manifestar con mayor fuerza y decisión en el periodo postelectoral defendiendo sus idearios y ejerciendo una fiscalización seria y objetiva, con una oposición constructiva que les permita constituirse en alternativa de poder.
Considero que en política no se puede hablar de “pabellón de los quemados” sino pabellón de los aplazados.
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