Esta población diversa incluye hombres, mujeres, jóvenes, adultos mayores y menores de edad que han buscado oportunidades fuera de Venezuela. Las condiciones sociales de estos migrantes son desafiantes, ya que enfrentan la falta de empleo digno, xenofobia y limitado respaldo institucional.
La cifra refleja la compleja realidad migratoria en la región, con más de dos mil venezolanos en situación irregular que no se han acogido a medidas de regularización migratoria previas, según Alexis Cedeño, representante de la Asociación. La entidad ha canalizado esfuerzos para orientar y facilitar el proceso de refugio, una opción de regularización ofrecida por la Cancillería Colombiana. A través de este proceso, se han obtenido resultados positivos con la emisión de salvoconductos renovables por seis meses, durante los cuales se espera que se reconozca su protección internacional.

No obstante, existe preocupación por la falta de medidas de regularización efectivas para aquellos migrantes que no se acogieron a la regulación temporal anterior. Alexis Cedeño expresó la esperanza de que el gobierno del presidente Gustavo Petro pueda establecer nuevas políticas migratorias que incluyan medidas de regularización para quienes quedaron desprotegidos en el país.
Según la Asociación de Venezolanos en la Cordillera Central, los municipios receptores principales continúan siendo Neiva, Pitalito, Garzón y La Plata. La mayoría de esta población se desempeña en trabajos informales, como recolectores de café y ventas ambulantes. Aunque la frontera colombo-venezolana se abrió el año anterior, no ha llevado a un retorno significativo de venezolanos a su país. Algunos pocos han decidido emigrar hacia Estados Unidos, atravesando la selva del Darién.